Verde como el musgo fresco
Mi casa se encuentra en una pequeña urbanización a media hora de Valencia. Las gentes lo llaman urbanización o complejo residencial. El tamaño es considerable y pueden diferenciarse varias partes: la zona Wall street, en la cual gran numero de magnates solo piensan en gastar por gastar; luego encontramos la zona Rich people, que es una mezcla entre nobleza y burguesía; y por ultimo topamos con la zona mas corriente (la cual no bautizare por sus gentes), que a ojos de las zonas vecinas, no son mas que terrenos ordinarios listos para recalificar.
Sin embargo al margen de tantos vecinos existe una pequeña aldea reconocible por su verde entrada, repleta de verdes plantas, con una gran puerta verde, en la que además de sus dueños también se aloja un verde inquilino. Lo llamamos Gustavo y es algo asustadizo. Su piel esta repleta de manchas verdes de todos los tipos de tonalidades verdes que uno pueda imaginar. Sus ojos negros comunican serenidad, aunque sus toscos pasos no hacen más que desconcertar.
Un día sin más Gustavo se instalo sin preguntar ni llamar. Desde entonces no hace más que comer y pasear, andando de aquí a allá sin hablar ni alborotar. Sus días preferidos son los lluviosos, le encanta salir a revolcarse mientras observa la lluvia caer. Para el no hay mas alimento que el de la tierra, y no creo que nada le guste mas que un buen bocado inesperado. Para el los segundos son minutos, los minutos horas, y las horas días. Mi hermana cree que algo mágico se encierra en Gustavo, ya que este no la deja de observar. Dice que cuando Gustavo la mira, la mira a los ojos. Siempre he imaginado que el día menos pensado, bajo el fresco musgo y la frondosa buganvilla, Gustavo se alzara del suelo para convertirse en el príncipe encantado que toda mujer soñó alguna vez.
Sin embargo al margen de tantos vecinos existe una pequeña aldea reconocible por su verde entrada, repleta de verdes plantas, con una gran puerta verde, en la que además de sus dueños también se aloja un verde inquilino. Lo llamamos Gustavo y es algo asustadizo. Su piel esta repleta de manchas verdes de todos los tipos de tonalidades verdes que uno pueda imaginar. Sus ojos negros comunican serenidad, aunque sus toscos pasos no hacen más que desconcertar.
Un día sin más Gustavo se instalo sin preguntar ni llamar. Desde entonces no hace más que comer y pasear, andando de aquí a allá sin hablar ni alborotar. Sus días preferidos son los lluviosos, le encanta salir a revolcarse mientras observa la lluvia caer. Para el no hay mas alimento que el de la tierra, y no creo que nada le guste mas que un buen bocado inesperado. Para el los segundos son minutos, los minutos horas, y las horas días. Mi hermana cree que algo mágico se encierra en Gustavo, ya que este no la deja de observar. Dice que cuando Gustavo la mira, la mira a los ojos. Siempre he imaginado que el día menos pensado, bajo el fresco musgo y la frondosa buganvilla, Gustavo se alzara del suelo para convertirse en el príncipe encantado que toda mujer soñó alguna vez.

1 Comments:
"Oda al Sapo"...
No está nada mal, empiezo a pensar que le tienes cariño a ese bicho rugoso y torpe. Siento celos...
Nota mental: elimiar al anfibio
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