Wednesday, December 13, 2006

A corazón abierto

Alguna de las tardes en las que llego a casa después de un largo día, las dedico el resto de la tarde en pensar en las trivialidades de la vida. Asuntos como, en este caso, encuentros de personas. Hará dos semanas que empecé a ver a una chica que me causo inquietud desde el primer o segundo día de cruzarnos. Luce un flamante pelo largo moreno con destellos caoba, rojos como el atardecer. También gasta unos preciosos ojos azules que suele llevar bajo la frente. Su mirada esconde ternura y pasión atrás de sus magnificas lentes azules. Una chica que no pasaría desapercibida en una sala junto a 100 mujeres más. Viste elegantes prendas que no pararían mejor a otra mujer que no fuese ella. Dice ser la mas fea de las dos hermanas, pero es algo que no comparto en absoluto. Cada vez que la veo aparecer de la nada es como el día en que me desperté por la mañana, con 10 años, esperando ver que nuevas trajeron los reyes magos.
Así fue, un día sin más, desperté sin saber la fortuna que me depararía el atardecer de otoño de aquella tarde. Desde aquel encuentro las cosas tomaron un cáliz distinto, mas humano del que nunca imagine. Los acontecimientos fueron sucediéndose. Primero tomamos una café en valencia después de un largo camino acompañado de una intensa y amena charla. Mas adelante tomamos la cerveza mas sabrosa que jamás imagine degustar. Nuestros ojos compartían miradas al son de la conversación cita tras cita. Ahora la espero impacientemente como el niño que acude al colegio únicamente con las ganas de ver a su primer amor. DING DONG (suena el timbre de casa). Que nervios y que emoción, la felicidad espera en mi puerta.