Ca(n)-mi-NO
Salto sobre el teclado. Acabo de hacer unas cosillas en el ordenador. Asuntos que tenia que terminar y no querían acabar. Los cogi por el cuello y concluí. Sinuoso es el camino que me condujo hasta aquí. Ahora el teclado es parte de mí. Toco y siento con el al igual que lo hago con mis dedos. Y estaba yo pensando… y pensando… y escuchando!!! Si, música. Mercromina, uno de mis grupos preferidos, jodidamente buenos. La música me llevo a reflexionar y entonces recordé que el otro día mire a la muerte a los ojos y me devolvió la mirada. Pocas personas son capaces de meterse en líos absurdos que te pueden salir muy caros. Amigos míos, yo soy una de esas personas. No riáis todos a la vez o me dejareis sordo. Y el lió dice así:
“Iba yo caminado, era de noche y hacia un frió considerable. Recuerdo que salía de casa de un amigo y me iba a ver a dos colegas que estaban esperándome. Debía ser raudo ya que llegaba con algo de retraso. Puse los cascos en mis orejas. Avanzaba rápido sobre el asfalto, recuerdo que estaba escuchando “Girls” de Death in vegas. Estaba en armonía con el ambiente, manteníamos una silenciosa charla acerca de nada. Algo no iba bien y podía notarlo. Escudriñe con atención el camino: a los lados, atrás y al frente. Descifre en el horizonte una silueta. Era de un tono claro y estaba en movimiento. Conforme me iba acercando descubrí que no se trataba de una persona. Entonces empecé a sentir un unos sonidos estruendos que manchaban la música. Decidí quitarme un casco. Reconocía esos sonidos, eran ladridos de un perro malhumorado. El ambiente dejo de estar en armonía conmigo, dejo de hablarme. Había un nuevo invitado en mi travesía. El quería conocerme a fondo, pero a mi no me hacia mucha gracia la idea. El ladrido cada vez era más fuerte. Al principio pensé que no era yo su destinatario pero el sabueso no tardo en aclararmelo. Entonces me di cuenta de que podía cambiar mi ruta pero mi amigo no tardo en enseñarme cual era el camino. De repente me vi solo en una calle a 10 metros de un perro rabioso y con ganas de joderme, el cual no apartaba su mirada de mi ni para toser. En ese instante empecé a tener miedo, si, tenia que estar cara a cara con aquel chucho para darme cuenta de que tenía un problema. El miedo aumentaba y conforme aumentaba pensaba “Los perros huelen el miedo, no tengas miedo”. Era cojonudo. El perro estaba histérico total “GUAO GUAO!!!! ARRRRRRGG…..!!!!”. Estaba a un metro de mí. Lo rebase, pero yo no debía desplazar la mirada del horizonte ya que si lo hacia sospecharía, sabría que estaba asustado y entonces me atacaría. Continué caminando haciendo caso omiso al sabueso. No es tan fácil como parece, un chucho enorme a tus espaldas ladrándote como un poseso. Poco a poco notaba que los ladridos quedaban atrás. Se dispersaban en el ambiente de nuevo. Al cabo de un tiempo terminaron por acabarse. Respire tranquilo.”
“Iba yo caminado, era de noche y hacia un frió considerable. Recuerdo que salía de casa de un amigo y me iba a ver a dos colegas que estaban esperándome. Debía ser raudo ya que llegaba con algo de retraso. Puse los cascos en mis orejas. Avanzaba rápido sobre el asfalto, recuerdo que estaba escuchando “Girls” de Death in vegas. Estaba en armonía con el ambiente, manteníamos una silenciosa charla acerca de nada. Algo no iba bien y podía notarlo. Escudriñe con atención el camino: a los lados, atrás y al frente. Descifre en el horizonte una silueta. Era de un tono claro y estaba en movimiento. Conforme me iba acercando descubrí que no se trataba de una persona. Entonces empecé a sentir un unos sonidos estruendos que manchaban la música. Decidí quitarme un casco. Reconocía esos sonidos, eran ladridos de un perro malhumorado. El ambiente dejo de estar en armonía conmigo, dejo de hablarme. Había un nuevo invitado en mi travesía. El quería conocerme a fondo, pero a mi no me hacia mucha gracia la idea. El ladrido cada vez era más fuerte. Al principio pensé que no era yo su destinatario pero el sabueso no tardo en aclararmelo. Entonces me di cuenta de que podía cambiar mi ruta pero mi amigo no tardo en enseñarme cual era el camino. De repente me vi solo en una calle a 10 metros de un perro rabioso y con ganas de joderme, el cual no apartaba su mirada de mi ni para toser. En ese instante empecé a tener miedo, si, tenia que estar cara a cara con aquel chucho para darme cuenta de que tenía un problema. El miedo aumentaba y conforme aumentaba pensaba “Los perros huelen el miedo, no tengas miedo”. Era cojonudo. El perro estaba histérico total “GUAO GUAO!!!! ARRRRRRGG…..!!!!”. Estaba a un metro de mí. Lo rebase, pero yo no debía desplazar la mirada del horizonte ya que si lo hacia sospecharía, sabría que estaba asustado y entonces me atacaría. Continué caminando haciendo caso omiso al sabueso. No es tan fácil como parece, un chucho enorme a tus espaldas ladrándote como un poseso. Poco a poco notaba que los ladridos quedaban atrás. Se dispersaban en el ambiente de nuevo. Al cabo de un tiempo terminaron por acabarse. Respire tranquilo.”
